En este texto intentamos demostrar que, si las teorías arquitectura y urba-nismo se adaptasen a las nuevas necesidades físicas, sociales y culturales de la sociedad contemporánea, una ciudad sensible seria también capaz de asimilar las nuevas herramientas y lenguajes informáticos sin problemas, como lo consiguió Gaudí, y conseguirlo obviamente fuera del campo estric-tamente religioso. Ello puede conseguirse si la capacidad semiótica y de comunicación in-tersubjetiva, “interlocativa” de la arquitectura entra en dialogo con la ca-pacidad “interlocutiva” del lenguaje verbal, haciendo participar de forma democrática a los usuarios reales e históricos de la ciudad sensible. Con ayu-da del modelo filosófico de Paul Ricoeur de cómo la memoria se construye individual y colectivamente de forma simultánea, sugerimos que es en esta esta simultaneidad en la que la arquitectura y del urbanismo se constituyen como documentos construidos.